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Condimentos, especias, hierbas permitidas en dietas con restricción de sodio

AjedreaExtracto de piperita
AjoExtracto de vainilla
AlazorHinojo
AlbahacaJengibre
AlcaraveaJugo de lima
AnísJugo de limón
AzafránKetchup (dietético, únicamente)
Cacao en polvo sin azúcarLaurel
Caldos en cubitos, dietéticos,Con bajo contenido

de sodio (menos

5 mg de sodio por cubito)

Menta
Miel
Mostaza
Nuez moscada
CanelaOrégano
CardamomoPaprika
Carnes ablandadas ( dietéticasCon poco sodio,

únicamente)

Perejil
Pimienta blanca
Pimienta de Jamaica
CayenaPimienta negra
CebolletasPimiento picante en polvo
Clavo de olorPimientos
CocoRaiz de rábano blanco o rábanoPreparado com sin sal
CominoRomaza
CurcumaRomero
Curry en polvoSalsa de tomate
EnebroSalvia
EneldoSemillas de amapola
EstragónSemillas de cilantro
Extracto de almendrasSemillas de sésamo
Extracto de carne ( dietético,Con poco sodio, únicamente)Sustitutos del azúcar
Tomillo
Verdolaga
Vinagre
Vino ( como condimento)

Ejemplo de menú para un día

Desayuno

200 a 250 mi de jugo de fruía con azúcar (2 cucharaditas)
Arroz, 1/2 taza – 2 cucharaditas de azúcar.
2 porciones de fruta.
4 cucharaditas de jalea.

Almuerzo

Arroz 1/2 taza.
2 porciones de fruta
200 a 250 ml de jugo de fruta con azúcar (2 cucharaditas)
4 cucharaditas de jalea

Cena

Arroz 1/2 taza.
2 porciones de fruta
200 a 250 ml de jugo de fruta con azúcar (2 cucharaditas)
4 cucharaditas de jalea

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Casos referentes a la Dieta para eliminación de la Alergia

Incluyo las historias actuales de algunos de mis pacientes alérgicos para ofrecer un panorama más claro de la amplia variedad de problemas y soluciones que existen en casos de alergia.

CASO A: «Inmediatamente después del nacimiento de mi primer hijo, comencé a tener dolores de cabeza. Esto ocurría en cualquier momento. El doctor T. sugirió que los dolores de cabeza podían estar relacionados con lo que comía. Seguí su Dieta para la Eliminación de la Alergia durante tres días y no tuve ningún dolor de cabeza.
»Agregué algunos alimentos diariamente, y todavía seguía bien. Cuando agregué huevos, los dolores de cabeza recomenzaron. Hice esto tres veces, para estar segura.
»Eliminé los huevos de mi dieta durante seis meses. Entonces el doctor T. sugirió que probara muy pequeñas cantidades de huevo Después de un tiempo pude tolerarlos nuevamente.
Cinco años después tuve mi segundo hijo y comencé nuevamente con la alergia a los huevos. Una vez más eliminé los huevos y subproductos de mi dieta. Esto dio resultado. Más adelante pude reincorporar los huevos del mismo modo.»

CASO B: «Hace casi veinte años tuve frecuentes ataques de vómitos y diarrea. Mi doctor me puso a dieta blanda (yema de huevo y otros elementos). No hubo caso. Me deshidraté. Fui internado en un hospital donde me dieron suero. Luego dieta blanda (huevos y leche). Más vómitos y diarrea, con severos dolores de estómago.
»Varias veces el dietista cometió errores y me dio sándwiches (de pavo). Me dejaron ir a casa muy débil y delgado.
«Fui a casa de mis padres a recuperarme. Dieta blanda: más síntomas. Después de varios días tuve un dolor tan agudo que me llevaron a otro hospital en una ambulancia. Me observaron con rayos X.y se efectuó un diagnóstico de obstrucción intestinal.
»Fui operado para sacar la obstrucción intestinal Puesto a dieta blanda tuve nuevamente vómitos, diarrea y dolores intestinales. El doctor T. vino a verme, me interrogó cuidadosamente y dedujo que mis síntomas estaban en directa relación con las yemas de huevo que estaba tomando. Fueron inmediatamente prohibidas.
»Desde entonces evito la leche y los huevos. Si a veces quiebro la dieta (comiendo alimentos que sé que no debería, como creps o torta) los síntomas se presentan nuevamente. Una vez probé un poco de leche, pero mi corazón latió tan violentamente que nunca lo volví a hacer.»

CASO C: «A Intervalos, durante varios años, sufrí de agudos síntomas de úlcera, severos dolores de cabeza, calambres, náuseas, diarrea y otros malestares generales. Ni la vesícula, ni estudios radiográficos, ni un examen neurológico, revelaron algo significativo.
«Se me ordenó seguir una dieta blanda. La dieta consistía en tomar productos lácteos tales como quesos, flan y leche. Mi frenética madre insistía en «fortalecerme» a diario con una yema de huevo. Los síntomas continuaban.
»Años después mis dos hijas comenzaron a manifestar los mismos síntomas. Cautelosamente limité su dieta a productos lácteos blandos. Los episodios de dolores de cabeza y náusea se intensificaron. Cualquier padre puede imaginar mi desesperación. Un día, le mencioné esta desesperante situación al doctor T.
»Tenía sospechas de una alergia alimentaria. Mis hijas y yo probamos la Dieta de Eliminación para la Alergia. Las jaquecas matinales, las náuseas y los malestares intestinales desaparecieron. Unas veinticuatro horas estábamos libres de síntomas. Con esa simple tarea de investigación se descubrió que la leche y los productos lácteos eran el origen del problema.
»EI doctor T. sugirió que después de seis meses podría ser posible reincorporar pequeñas cantidades de productos lácteos.
Me complace informarles que todos gozamos ahora de buena salud. Cuando los viejos síntomas familiares comienzan a reaparecer, de inmediato reorganizo mi dieta.»

CASO D: «Mi erupción comenzó en mayo de 1976. Se iniciaba siempre bajo mi brazo izquierdo o bajo mis muslos. La erupción aparecía primero como series de pequeñas manchas rojas y con de letra C, no sobresalientes. A medida que se extendía, formaba un círculo o guirnalda. Y mientras se extendía del centro hacia afuera, la erupción se extendía con la misma forma circular, mientras el centro lentamente se iba aclarando. Nuevas manchas eran visibles bajo la piel, antes de que brotaran. Algunas veces me provocaban picazón.
»Consulté a un dermatólogo, quien me trató durante dos meses aproximadamente sin resultados. Me prescribió antihistamínicos, cortisona en ungüento e inyectable, Las píldoras me hacían sentir cansado, angustiado y nervioso. Las inyecciones hicieron desaparecer la erupción, pero ésta retornaba en cuanto me las dejaba de aplicar. Me hicieron una biopsia para determinar si la erupción era una lesión fungida (debida a hongos). La muestra fue enviada al laboratorio, donde hallaron el tejido lleno de antihistamínicos.
»También fui examinado por otro dermatólogo, quien me recetó unas píldoras que me hicieron sentir muy mal (nervioso, ansioso, agitado). Probó con una dosis pequeña, pero eso no nos ayudó a mí ni a la erupción.
«Ambos doctores me hicieron también análisis de sangre.
»En agosto, la erupción ya era muy severa y se había extendido bajo los dos brazos, piernas, muslos, y sobre ambas nalgas.
»E1 médico de mi familia sugirió que tomara 8 mg de cortisona por vía oral, día por medio, más antihistamínicos todos los días, para librarme de la erupción y no preocuparme a esta altura por la causa. Esto hizo desaparecer la erupción hasta el mes de febrero, en que apareció nuevamente. Un amigo que era pediatra especializado en alergología pensó que podía ser una dermatitis de contacto. Sugirió que usara únicamente ropa de algodón y jabón blanco para la ropa y aseo personal. Esto no hizo ninguna diferencia, así que volvía las píldoras de cortisona.
»En marzo consulté a otra dermatóloga, quien pensó que tenía una reacción causada por algún producto químico. Me indicó una pasta de dientes especial y evitar alimentos con colorantes o aditivos artificiales. Me recetó unos medicamentos que me ayudaron relativamente. Impidieron que la erupción se expandiera, pero no desapareció. Me envió entonces a un especialista en alergología, quien también pensó que la erupción era causada por algún producto químico. Durante este tiempo me hicieron todo tipo de análisis de sangre, pruebas de laboratorio, hasta un análisis parasitológico de materia fecal. Todos
fueron negativos. Nuevamente volví a la cortisona —seis tabletas de 5 mg por día —. Debía interrumpirla dosis al cabo de unos días, y continuar luego con la otra medicación. La erupción finalmente desapareció en septiembre.
»En abril de 1978 la erupción reapareció. Comencé a tomar las píldoras nuevamente, las cuales me ayudaron. Cuando las seis tabletas de 5 mg diarios eran reducidas gradualmente a dos, la erupción retornaba.
»En mayo, el doctor T. se interesó por mi problema (era el médico de mi marido y es ahora el mío); me indicó que debía hacerse una prueba definitiva para determinar de una vez por todas si la erupción estaba o no relacionada con la comida. Me recetó una dicta especial durante tres días limitada a: harina de avena, azúcar, mantequilla, arroz, cordero, zanahorias y peras en lata únicamente (ni café ni té). Después de tres días, la erupción comenzó a desvanecerse, y en dos días más desapareció.
«Las instrucciones del doctor T. fueron de añadir un nuevo alimento por vez en grandes cantidades. Si el nuevo alimento no provocaba la erupción después de tres o cinco horas, ese alimento podía considerarse seguro. Agregaba un nuevo alimento cada tres o cuatro días. Pude interrumpir la medicación en poco tiempo. Después de tres meses descubrí que cualquier alimento que llevara harina blanca, harina de trigo o salvado hacía que la erupción apareciera nuevamente. También descubrí que el café me alteraba.
»Esta. según mi memoria, es la historia de “Mi erupción”.
Estoy convencida de que estamos en el camino indicado, y estoy muy agradecida.»

Resumiendo

La Dieta de Eliminación para la Alergia es simple y no costosa.
Usted y su médico estarán de acuerdo en que no sólo es un diagnóstico y procedimiento terapéutico valioso, sino que es el único camino práctico disponible.

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Guía de alimentos fibrosos

Los alimentos fibrosos ayudan al «mecanismo de la digestión», es decir, combaten el estreñimiento promoviendo la eliminación de las heces. Básicamente, una dieta que contenga alimentos altamente fibrosos incluiría:

FRUTAS: preferiblemente crudas (con cascara y semillas, cuando es posible), frutas secas, ciruelas, jugo de ciruelas.

HORTALIZAS: preferentemente crudas o con un mínimo de cocción. Bastantes verduras de hoja, lechuga, zanahorias, apio, pepinos, tomates, espinacas crudas, bróculi, coliflor.

CEREALES: todo tipo de cereales de grano entero, y salvado especialmente, secos y cocidos, tienen alto contenido de fibra; la mayoría de cereales secos (preferentemente sin azúcar) tienen una considerable contenido de fibra.

IMPORTANTE: Beba grandes cantidades de agua, de8a 10 vasos diarios, especialmente con las comidas, para el mayor efecto. Las fibras se hinchan al absorber agua y aumentan su volumen.

Mientras que los alimentos con alto contenido de fibras son efectivos para ayudar a controlar el estreñimiento, debo poner énfasis en el hecho de que la presencia de «fibra» en los alimentos no es masque un elemento. No es «mágico», no es la panacea y, ciertamente, no es una gran ayuda reductora, ya que los alimentos fibrosos tales como cereales y pan son relativamente de alto contenido calórico. De modo que los alimentos con un alto contenido de fibras deben ser consumidos con moderación, siguiendo estas pautas generales:
Incluya cantidades moderadas de carnes magras, aves, pescado, para proteínas y otros elementos.
Evite dulces, postres, tortas, pastas, alimentos con azúcar o almidón; prácticamente todos son de escasa fibra y alto contenido calórico.
Huevos, leche, queso, tienen su propio valor pero poco o nada de fibra.
El sentido común es una guía importante para comer alimentos fibrosos. Los efectos varían con cada individuo. Es adecuado agregar alimentos fibrosos a la dieta cuando son necesarios para
regularizar el movimiento intestinal. Luego, quedará a criterio personal el aumentar o reducir la cantidad de acuerdo con las necesidades. Es esencial consultar a su médico si observa un cambio en sus hábitos intestinales.

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Historias de casos típicos

Unas pocas palabras narran la historia de una mujer que sufría de diverticulitis y siguió el régimen aquí descrito: Cuando estaban de vacaciones, su esposo me envió esta postal. «Ana se portó bien, siguió su consejo, se recuperó, y ahora monta a caballo todos los días en este rancho de recreo.» Ana agregaba
una posdata: «Sin fiebre. Sin sensibilidad abdominal. Me siento muy bien. Muchas gracias.»
Crónica de un deportista: «Hay una vieja expresión en la vida —usted obtiene lo que paga —, pero hay excepciones a la regla. Dos años atrás recibí algunos consejos gratuitos del doctor T… los cuales no sólo salvaron mi vida sino que hicieron posible que la pudiera disfrutar y que pudiera comer después de ocho años de dieta estricta, y de estar casi dieciséis meses internado. En 1968 tuve tres operaciones, las cuales prácticamente me inmovilizaron durante un año. Cada una me llevó tres semanas en el hospital y tres semanas más para recuperarme.
»En 1970 tuve como tres o cuatro ataques de diverticulitis todos ellos dolorosos y fuertes. I-os antibióticos orales no me hacían efecto, de modo que tuve que recibirlos por vía endovenosa. El doctor T. simplemente dijo: «Pruebe sulfadiazina; es lo único que teníamos durante la guerra, y ningún paciente mío jamás tuvo perforación de intestino.» Los míos ya se habían perforado, causando una peritonitis.
»Durante la Navidad y el Año Nuevo de 1976 estuve tres semanas internado en el hospital. En febrero de 1976, mientras pescaba en la soledad del Yucatán, tuve otro ataque, pero esta vez estaba provisto de tabletas de sulfadiazina de 500 mg. Tomé seis tabletas durante la noche, y seis al día siguiente.
»Cuando regresé, inmediatamente me hice un recuento globular que dio 6.500 glóbulos blancos, mientras las veces anteriores había dado 10.000 y 15.000. Hay una expresión: «Los médicos entierran a sus errores, y los arquitectos (ése soy yo) hacen la hiedra.»
»Desde los ataques de febrero y abril, curados con sulfamidas, he podido comer alimentos fibrosos: apio, judías, col y hasta nueces. Mis movimientos intestinales, los cuales fueron difíciles durante ocho años, son ahora completamente normales.»
La experiencia que tuve con un amigo que además es mi dentista ilustra un dilema interesante y relativamente común. El doctor H. vino al consultorio una mañana temprano para decir me que había estado sufriendo de dolores en la zona derecha del bajo vientre durante cinco días. El examen descubrió sensibilidad abdominal y leve resistencia en esa área. El recuento de glóbulos blancos descubrió 10.000, contra los 6.000 que habitualmente tenía.
En un individuo joven, con estos clásicos síntomas y signos de apendicitis, una apendicectomía hubiera sido indicada con seguridad. Le expliqué la situación al doctor H. y sugerí tratarlo con sulfadiazina en la suposición de que podía tener una diverticulitis que interesara el colon derecho. Aun si se tratara de apendicitis existía la posibilidad de que el fármaco evitara la cirugía.
Por otro lado, si la cirugía descubría diverticulitis podía verse envuelto en un complicado procedimiento quirúrgico, que tal vez lo postrara por un tiempo. Un apéndice perforado era también una seria posibilidad, pero yo sentía que la sulfadiazina podría contener la situación dentro de un riesgo razonable.
En dos días estaba libre de síntomas. Tres semanas después, una enema de bario demostró que había divertículos en el colon ascendente Eso sucedió en 1972 y no ha habido reincidencias.
Otro caso, relatado por un paciente: «Un mes después de un ataque de diverticulitis, los rayos X revelaron la presencia de diverticulosis. Me preocupé, pues tenía varios amigos con dolencias similares y todos sufrían intensamente de vez en cuando.
Uno había muerto después de varias operaciones y los demás tenían complicaciones por el mal y las operaciones.
»El doctor T. me recetó dos tabletas de sulfadiazina tres veces al día durante el ataque agudo, que duró dos días. Además me indicó —en una eventual recurrencia de dolor con sensibilidad abdominal— que tomara dos tabletas de sulfamidas tres veces al día, y que contactara con cualquier otro médico si él no estaba.
»Por consejo del doctor T., siempre llevo una receta de sulfamidas en viajes tuera del área de mi casa. En varias ocasiones, cuando tuve problemas, usé la sulfadiazina como se me había indicado. En los dieciocho años no he tenido serios problemas.»

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Enfermedades de la vesícula biliar

Una vesícula sin cálculos raramente causa los típicos síntomas de una enfermedad vesicular: indigestión, sensación de plenitud, eructos, flatulencias y/o dolor. Un dolor agudo en la parte superior del abdomen, generalmente muy severo, con sensibilidad abdominal en la parte superior derecha o media del abdomen, es casi un diagnóstico. El dolor frecuentemente se irradia hacia el omóplato derecho.
Los síntomas generalmente se presentan después de un par de horas de una comida pesada, muy a menudo en la mitad de la noche. La orina es frecuentemente oscura y las deposiciones son claras, porque la bilis no pasa hacia el intestino delgado.
La mayoría de los cirujanos insisten en la extracción quirúrgica de la vesícula que contiene cálculos; debo decir que con la cirugía moderna y sus excelentes resultados están justificados.
En los mayores, de todos modos, generalmente aconsejo a mis pacientes someterse a la operación solamente si tienen síntomas que no pueden controlarse evitando fritos y alimentos ricos en
grasas.
Unos pocos centros de investigación están experimentando con una sustancia para disolver los cálculos biliares, pero hasta ahora no hay manera de eliminarlos sino quirúrgicamente.